ANÉCDOTA DE UN SEXTIEMBRE SALVAJE: EL DIA QUE ME COGÍ A LA AMISTAD

Eran eso de las 5:00 pm un martes del mes de septiembre del año pasado, estaba hablando con ella, una hermosa paisa dos años menor que yo, la conocí en el colegio, llevábamos tiempo hablando y le guardaba muchas ganas y para cumplir mi meta decidí cambiar el chip, me porte distante, no tan disponible, le decía que salía con más mujeres, en otro contexto; ella andaba triste pues su novio de 4 años la había engañado y sin esperarlo un día me escribió y me dijo que quería hablar. En ese momento me inventé que me iba de viaje, que solo tenía ese día para verla, decidí jugármela toda, le dije & «Si quieres voy ya y hablamos» agregué un Emoji de diablo, no pude ver la respuesta. Envió un audio con su sensual acento:
—Te espero.
“¡Aquí fue!” me dije a mi mismo. También pensé soy joven y muy inexperto.
¿Qué hacer?Entre a Pornhub a la categoría amateur, este fue mi tutorial y en 30 min ya me
sentía todo un “experto”.

Antes de salir me masturbe, matando las ganas para durar más cuando fuera el momento. Llegué a su casa, mi corazón en compas militar la vio salir por la ventana, con una balaca blanca que sostenía su rebelde cabello castaño, me vio y sonrió, bajo las escaleras, me recibió con un abrazo, su piel estaba húmeda, había acabado de salir de bañarse. Satanás me tomo la mano, contoneando sus piernas me llevo al averno. Subimos los 3 pisos, me senté en el sofá, sus leggins negros, en combinación con una camisa larga blanca traslucida que llegaba hasta sus muslos, la sensualidad de lo casual, el agua de su piel se pegaba con la tela de la blusa, marcando sus caderas, mostrando la silueta de su cola, nos sentamos en el sofá estábamos solo los dos y el peluche que le había dado su ex. Empezamos viendo unos cuantos videos, luego me habló de su decepción hacia los hombres. Me comenta que le gustaría que todos fueran como yo de caballero.

Yo me molesté y le dije de manera tajante, me cansé de ser un caballero. Quedó inmóvil viéndome, se acercó de manera sorpresiva hacia donde yo estaba, yo me la jugué de nuevo. Su labial rojo en contraste con su piel blanca, me incitaron apostarlo todo. En ese momento estábamos en el preámbulo de lo que sería una gran función principal, el juego estaba claro, el que hiciera la primera jugada o el primero en ceder, daría el control al otro. Lleve mi mano hacia su mulso y yo lo apreté levemente, tome su rostro, acerque mis labios hacia los suyos, no había marcha atrás, como es de costumbre empezó a llover, su mirada perversa y la mía se devoraron y…
¡Acción!


La luz bajo de manera repentina, mis dedos se colaron por su blusa tocando su cintura, se acomodó de tal manera que su pie se puso sobre mis muslos, jugando a que llegaba a mi erección por encima de mi pantalón, tocaba y se retiraba, rompió el beso de repente, la lluvia aumento su fuerza, la luz formaba la sombra perfecta de su figura, el único testigo era ese enorme peluche, puso una silla en la mitad de la sala, yo estaba expectante, mientras ponía la silla, acomode mi pene. Puso música, (I love rock and roll) me sentó, dijo que no moviera mis manos, las puso detrás de la silla susurrando

— “Para que nunca me olvides”

En la posición que ella tenía vio lo que ella estaba causando dentro de mi pantalón, se mordió el dedo índice, subió el volumen, camino moviendo su cintura. Se quitó la balaca, su salvaje cabello lo llevo a un lado del hombro y al llegar a mí, puso sus uñas en mis muslos rasguñaba levemente, se inclinó pasando su lengua por sus labios, se acercó lentamente, se detuvo antes de llegar a los míos, finalmente sonrió mordiéndome los labios.
Desabotono mi pantalón y lo bajo lo suficiente para que quedara en bóxer, se relamió, su rostro elevo más mi excitación, no quería que acabara el espectáculo. Yo seguí quieto, ella se sentó. El calor de su cuerpo agito mi respiración, me tomo por el cuello, mordió mi oreja, seguía cabalgando sobre mí, los jadeos opacaron el radio, la lluvia.

Dejó de besarme, tomo mis manos y las puso sobre su pecho, seguía moviendo su sexo sobre mi erección, continuaba al ritmo alocado de la canción, moviendo su cuerpo y su cabeza en círculos, paso su pierna derecha al costado y giró, dejando sus nalgas contra mi pene, se agacho y dio un pequeño tope con su culo sobre mi duro miembro, mientras me miraba hacia atrás sobre su hombro. Se acercó y comenzó a tocarse sus pechos, su cintura, sus piernas. La tome de manera brusca, la voltee, tome su cuello y lo apreté mientras me acerque a ella, su aliento envolvía el mío. La música se detuvo, se acabó el primer acto. La tome por sus muslos, levante su cuerpo y la lleve al sillón donde estábamos en un principio, la deje allí, procedí a morder sus labios mientras me quitaba mi camisa, giro de nuevo poniendo sus manos en el espaldar del sillón, su espalda formo un arco, levante su blusa de a poco, pase mi lengua por el camino de su espalda, mientras subía por sus piernas hasta su vagina, me quede en su espalda, besándola se arqueaba más al sentir mi lengua en su piel, mis dedos por encima del leggins la masturbaba, comenzó a vibrar, le costaba trabajo mantener la respiración, se terminó de sacar la blusa sola, seguía de espaldas, y de rodillas, la tome por el rostro, lleve mi mano hasta su pecho, comencé a bajarla por su abdomen, quería sentir su humedad.

Mi pene salió del bóxer, se asfixiaba. Llegué a la parte baja de su abdomen y seguía bajando, entre más lo hacía su corazón latía más fuerte, mi dedo índice llego primero al clítoris, al llegar gimió entre dientes, sus labios mayores estaban húmedos, los tocaba suavemente de abajo hacia arriba, los apretaba hacia adentro, abría un poco, mi dedo anular, pase en sus labios menores, escuche como sus gemidos aumentaban, tomo mi miembro de manera
repentina, comenzó a masturbarme, lamió su mano, y siguió, lleve mis dedos a su boca, quería que sintiera su sabor, que se gozara, bajo sus leggins, dejándome ver su lencería negra, con encaje, sus redondas nalgas se dejaron ver, las acerco a mí, comenzó a contonearse con mi verga en medio de ellas.
Se movía lentamente bajando su cuerpo y subiéndolo, ya era suyo quitó toda la ropa que se interponía entre nosotros, el leggins ya le estorbaba, se sentó en el sofá, cogió mis testículos, comenzó a masajearlos, llevo su lengua a ellos,

los chupo y subió su lengua hasta el glande, lamió en círculos por el cuello de mi verga, me costaba quedarme quieto, seguía masturbándome, mientras succionaba de manera leve la punta de mi pene, su lengua tibia me llevaban al éxtasis, lamia mi abdomen, mientras me miraba hacia arriba, beso el cuello de mi miembro, dejando la huella de sus labios, lo introdujo en su boca, comenzó a chupar, me miraba y se saboreaba, acariciaba mis testículos, seguía chupando, su cabello se soltó y lo tome, marcaba el ritmo sosteniendo su cabeza, me miraba y reía, me veía con sus grandes ojos de manera perversa, no hay decencia o decoro que valiera en ese momento, la tumbe en el sofá, abrí sus piernas, me arrodille de a poco mientras besaba sus pantorrillas, me dirigía a sus rodillas, la ansiedad de que llegara a su tibia entrepierna, la hacían humedecer más, me acerque a sus muslos, bese sus labios mayores, sus fluidos, untaron mi boca, me llene de ella, mi dedos abrieron sus labios mayores, saboree los menores, ella tocaba sus pechos, su abdomen, apretaba mi cabeza contra su sexo, me costó respirar, pero seguí, succione un poco su clítoris, subía mi lengua desde abajo, la llevaba justo a la punta.
Chupe mis dedos, hice una pinza llevando mi dedo pulgar un poco arriba de su clítoris, mi índice y anular, los introduje poco a poco en su interior, solo dos falanges, comencé a presionar mis dedos sobre su punto g, mi pulgar masajeaba su clítoris, pedía que no los sacara, que continuara, sentí gotas caer pero no era la lluvia, eran sus fluidos cayendo al piso. Sus gemidos se comían el ruido, mi corazón latía fuerte, quería penetrarla, pero resistí, quería que
suplicara que entrara en ella. La gamuza del sillón quedo empapada,
—“Eres mi perra”
Ella me miro sonriendo y dijo:
—Lo soy, ¡Soy tu perra!
Volteó y quedando en cuatro nuevamente, agacho más su pecho contra el
espaldar del sofá.
— Métemela, quiero que me la metas.
Empecé a temblar, comencé a pasar mi pene de manera suave por su vagina, de arriba hacia abajo, la penetre de manera lenta, mi corazón latía con fuerza, gemía, comencé a penetrarla de manera rápida y fuerte, se sentía como el sofá

se movía, se pegaba contra la pared el peluche cayó al piso, me miro por encima de su hombro, ¡No pares!, la tome de su gran melena, sostenía su cabello mientras mi pene entraba en ella, rasguñaba su espalda, dejaba marcas de mis manos sobre sus nalgas, se masturbaba extasiada mientras la penetraba, en el frente había una ventana que daba a un cuarto, sus jadeos dejaban el vapor denotando su goce.
—Para— Me dijo agitada.

Siéntate en la silla, la llevé hasta allí, mi sudor y fluidos cayeron sobre el enorme peluche, al darse cuenta sonrió, Me estaba usando como venganza, la senté, solo basto el peso para penetrarla de nuevo. Comenzó a cabalgar con maestría, los choques de sus muslos y los míos me hacían sentir como su humedad bajaba por ellos, mi dedo lo llevé hasta su ano, lo introduje, de inmediato se estrechó más su vagina, gimió con fuerza, con sus largas uñas
rasguñaba mi espalda, el dolor me prendió más. Aumenté la fuerza, miraba hacia el techo, se dejó ir, se giró sin sacar mi verga de ella, de espaldas continuo, se movía en círculos, sentía que ya iba a acabar, me estaba llevando al límite, apreté su cuello y al escuchar ¡Casi me vengo! entre los jadeos de ella, seguí con más ánimo. Su piel estaba de gallina, el sudor caía por su espalda, sentía como su sexo vibraba, apretó con fuerza mi erección, la abrace, la llene de mí. Sonreía y me besaba, sus jugos caían sobre mis piernas, la levante y nos dimos cuenta de todo: nuestros fluidos, saliva, cada gota de nosotros, habían caído sobre aquel testigo, la tome del cuello, «Me usaste» me besó sonriendo y acabó la función, eran las 6:20 pm, estaba agotado. Después de eso es como si yo me hubiera ido de viaje, no la volví a ver, volvió con el ex. El único testigo nunca hablo, sonreí. El crimen perfecto.